(Este fue uno de mis primeros poemas, los otros que tengo sostienen una estructura totalmente diferente. Es de la época de cuando yo creía que cada línea tenía que rimar con otra en la misma estrofa, así que… bueno, no es tan bueno el poema, pero es algo.)

No se podría medir con las distancias,
Ni con lo que el tiempo ha derrumbado,
Ni con la vastidad del universo,
Ni con lo que a la vida se ha atado.
La extenuidad de este humilde sentimiento,
Que aunque tenue para el más rezagado,
Explicitamente de amor por ti, en esta vida se ha alimentado.

Te veo lejos y a la misma vez cerca,
Rosa virtuosa de espinas connotadas,
De vivos colores y naturaleza fogosa,
Figura preciosa cautivadora de miradas.

Y a mi alrededor danzan las mariposas sosteniendo sus pintorescos tonos,
En círculos esplendorosos y de forma audible,
Divirtiendo mis ojos y alejando de mi mente el mal augurio,
De un destino tuyo y mío que lleve a mi corazón por un camino temible.

¿Será cierto lo que a mis oidos se ha prestado?
No puede ser que hasta tal extento se haya llegado..
Di que no, entonces, hermosa flor de rosal
Y dime que esta historia tendrá buen final.

Adiós al deseo, entonces, adiós a la esperanza
¿Será esto lo que me depara el destino?
¿Hacia este triste lado se ha inclinado la balanza?
Oh, mi Dios, salvame de tan paupérrimo y sombrío destino,
Y aparta esta gran decepción de mi camino.

Entre la espada y la rosa se encuentra mi corazón,
En espera de algún milagro que de cauce a su dirección,
Y decida de una vez por todas el resultado de la batalla,
Entre el mundo y un alma en pena que en deseo por ti estalla.

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