Andábamos sin buscarnos,
sin esperarnos, sin saber de la existencia de ambos.
Tú alla, yo aquí.
Hasta que un día la vida decidió juntarnos…
entre tú mirada y la mía
en un lugar que nunca imaginamos.
Desde entonces, algo cambiaría.
Los tiempos se juntarian y los minutos no serían horas.

El clima del invierno ya no era tan frío, cuando tus brazos se juntaron con los míos.
Cuando mis labios se apegaron a los tuyos, y de tí no podía despegarlos ni un ratito.
Cuando pronunciabas mi nombre, y al hablarte de mí, sonrojabas.
Mientras el brillo de tus ojos de mí, no se apagaban.
El verano era más duradero, el verte el calor era más intenso.

En tu mundo y el mío.
¿Dónde habíamos estado antes?
Si el destino sabía que íba a unirnos.
¿Por qué no lo hizo mucho antes?.

Solía dibujar tu rostro sin conocerte,
Solía imaginar al chico que viviría por siempre en mi mente.
Hasta que apareciste de repente, y mi vida cambiaste dejando de estar ausente.
Aunque vivías presente, sin conocerte,
que ese día llegaría, para tenerte de frente.

Y llegaste tú, con una sonrisa alumbrando mis días.
Sanando heridas que pensé no se curarian.
Apoyándote en mi, porque tu vida también estaba jodida como la mía.
Y ambos sentíamos soledad.
Pero al mirarnos a los ojos, todo era paz.
Ya no estábamos solos, nos teníamos el uno al otro.

En tu mundo y el mío,
nos hacemos uno.
Sin importar el tiempo que pase,
sin importar el tiempo que estuvimos perdidos, intentandonos encontrar
una vez más.

Ser esas dos personas que la vida junta
y no tienen vuelta atras.

En tu mundo y el mío vivimos,
en un solo lugar,
del cual no quiero irme jamás.

Si la luz de tu vida deja de iluminar la mía… iría a buscarte para que no se apague nunca.

En tu mundo y el mio somos eternos,
somos ángeles.
La gota de agua que no seca ni con aire.