En el silencio.

Fué en el silencio donde pude ver la esencia de tu alma.
Fué en el silencio de tus besos rozando mi hombro.
Fué en el silencio de tu rostro cuando mi mano acariciaba tu espalda, me dejabas tocarte, me dejabas sentirte, mientras tu sólo suspirabas.
Nunca importó si veíamos los colores diferente, para mi verde, para ti azul, la belleza de tus ojos estaba ahí y me dejabas contemplarla.
Recuerdo tus manos frías y las pecas que tenías, yo siempre las tocaba y tu sólo sonreías.
Nunca necesitaste decir mucho para que pudiera conocerte, fueron tus pequeñas acciones las que me hicieron quererte.
Fué el brillo de tus ojos cantando en mi sofá esa canción québécoise.
Fué ese video que mostraba tu bondad y generosidad, vestido de rojo y barba blanca llevando a esos niños mucha felicidad.
Fué tu boca al expresar tu breve historia familiar, cada palabra que emitías estaba llena de vulnerabilidad.
Fué tu fortaleza ante las circunstancias mas adversas.
Fueron tus miedos disfrazados de certeza, intentando ocultar la verdadera tristeza. Fueron tus brazos rodeando mi cuerpo, me enseñaste que no necesitaba sexo para que todo fuera perfecto.
Fueron 3 palabras, amor, familia y amigos.
Fué tu destreza en el hockey y aunque no pude ir a tu partido, siempre fuiste mi portero preferido.
Fué tu mente pervertida y divertida que te convertía en mi persona preferida.
Fué el nerviosismo que percibía cada vez que me acercaba, tu corazón latiendo a toda prisa y tu rostro fingiendo que ahí no pasaba nada.
Fué el confort de tus brazos después de tocarte, besarte y abrazarte.
Fué tu mirada al escucharme y nunca juzgarme.
Fué tu acento y tu empatía lo que me enloquecía, tu nombre en español lo que me divertía, tu esfuerzo por entenderme aunque a veces ni yo me entendía.
Fué tu libertad la que me hizo entender la mia.
Fué tu convicción la que me hizo ver que no tenía la razón.
Fué tu simplicidad y armonía lo que me hizo querer tenerte en mi vida.
Fué aquella noche donde sentados uno a lado del otro pude sentir que lo extraordinario existía, en ese silencio, con esa mirada, con esa sonrisa, con esa alegría que tu me transmitias.
No conocí todas tus historias, alegrías,  tristezas o manías, pero si tuviera la oportunidad de hacerlo esta vez me quedaría, no por necesidad sino por decisión y convicción.
Cuando llegaste a mi vida yo no estaba lista, no era mi mejor versión y debía trabajar en mi interior.
Si en ese entonces me hubiera quedado, te aseguro que te hubieras marchado.
No porque no te quisiera, sino porque no creía que yo te mereciera.
Aunque tu eras todo lo que yo pedí, en mi mente yo no era buena para ti, así me convencí de que no te merecía porque amor a mi misma no me tenía.
Tenía tanto miedo de sentir que en mi intento de no hacerlo te dejé partir.
Creo que eres un ser extraordinario, amoroso, valiente e inteligente, y siempre voy a agradecerte por permitirme conocerte.
Se que no eres perfecto y que probablemente tengas cicatrices, pero me hubiera gustado conocer todos tus matices.
Debo admitir que siempre estas en mi mente, a veces imagino que vuelvo a verte, que te abrazo tan fuerte que puedes sentir mi corazón latiendo intensamente.
A veces imagino que puedo tocarte y que al sentir mis manos rodeando tu cuello vas a darte cuenta que me quedaría por siempre a tu lado.
Y tal vez en ese momento, amarías mi silencio, mis suspiros, mi corazón agitado,  mi mente pervertida y divertida, mi acento y mi francés mal hablado. Tal vez verías que mis ojos reflejan una historia que nunca he contado, un amor que nunca he entregado, que mis miedos cuentan verdades que a nadie he revelado, tal vez sería ahí, en ese momento sin miedos, sin juicios, sin máscaras, que podrías ver que si en aquel entonces no me quedé a tu lado fué porque personas como tu merecen lo extraordinario.

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