Noches frías, inmerso en tu imagen ¿cómo callo aquella voz que me susurra que amores eternos de fantasías y cuentos son?

Cruel la distancia que me priva de aquellos brazos cálidos y de sus  besos rebosantes de dulzura y ferviente pasión.

Recuerdo mis tardes con ella. Recuerdo sus manos frías que buscaban calor junto a las mías. Recuerdo aquella mirada tímida que buscaba refugio en mi.

Ella pintó mis atardeceres con mágicos colores.

Hasta la peor tormenta -junto a ella-,  la recuerdo hoy con alegría.

¡Si tan solo retrocediera el tiempo! para decirle que no encontré a ninguna como ella. De cierto mi amor le confirmaría y jamás su mano soltaría.

De su amor estoy impregnado; su recuerdo me abraza y no me suelta. Transcurren los años y la imagen de su dulce mirada está sellada en mis recuerdos.

Ella fué, es y será lo más cercano al amor celestial. ¡No hay nadie como ella!

Pero, ¿en verdad amas a distancia? Si, en distancia, en tiempos tortuosos y de afán; sea cual sea la circunstancia, la amaré y aguardaré la esperanza de tenerla un día a mi lado.

Me basta con sus palabras, me basta con su imagen;  sus tiernos recuerdos me son suficientes para seguir en la espera.

Ella es suficiente, y lo es todo.

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