Elegía a Borges

En la desierta sombra
que ahora es tu recinto,
de nuevo tu verso nombra
historias de antiguos reyes,
de infinitos laberintos.

El olvido fue tu anhelado sueño,
pero nada se olvida en vano,
quien niega que seas el dueño
de los versos que lee tu mano.

La angustiosa y lenta muerte
vino a buscarte sin que yo naciera,
algún día será mi suerte,
la de unirme Borges en tu ceguera.

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