El sueño de la burocracia

Leviatán de cemento, el que forjado
está por edificios grises y altos,
el que controla la jungla y el malvado
sistema… yo quisiera ser tu ahijado,
vendería mi alma, si al hambre evado;
vestiría el color de los asfaltos,
para ya no seguir aquí estancado,
para vivir feliz, sin sobresaltos.

Soportaría odio y resentimiento,
soportaría la injuria y el recelo,
por ser parte del sistema harapiento;
te entregaría a Dios y a todo el cielo,
incluso, si dudas de mi talento.
Por un pago generoso, tutelo
a cualquier forma de gobierno impío
o a la burocracia, llena de hastío.

Porque fuera de ti, con carestía
se vive; y sin dinero no hay justicia
por eso, ¿qué más da mi felonía?
¿qué más da, si soy vil, y en romería
ruego por decantarme en villanía?
¡Tú monstruo, furcia eres de la codicia!
Que crece y crece como plusvalía,
para generar crisis e inmundicia.

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A causa de una fotografía

Te miro sentada en una butaca,
con pelo en bucles, que cae en guedejas,
parece que seduces y cortejas
y miras fijo, en pose afrodisiaca

al que insospechado, te ve y se achaca
seductora postura que manejas;
¡tus piernas blancas, sin aliento dejas!
Y el deseo febril a mí me ataca.

Tu muñeca delicada, tocando
está tu cabeza, y tus pies que flotan,
deseos que se van multiplicando

me ocasionan; y tus pechos denotan,
la feminidad que estoy venerando…
¡ay, ojos aguamarina, eso lo notan!

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Olvido

Infame Eros, que me engañó contigo,
y en mí, hizo que brotara la codicia
por tu piel; hoy, tu recuerdo acaricia,
un deseo exaltado que maldigo,

porque tu amor, olvidar, no consigo.
Tu indiferencia amarga, me desquicia.
Ligera te ríes de mi estulticia,
eres pécora y sórdido castigo,

eres lo que me queda del placer
más cándido y vertiginoso. Ahora,
tu culo moca, busca a otro al arder

con el ímpetu de Cipris; ¡ay, autora
de mis tormentos, para de doler!
¡Hoy bebo el bálsamo que te evapora!

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Tedio

Gran avenida, ornada y variopinta,
de viandantes repleta; de tunantes,
y gente derrotista, que indistinta
camina. Errantes van como rumiantes
por la mezquina vida, que cual cinta
repite incesantes veces. ¡Constantes
como una película inacabable!
¿Qué hay en la monotonía de agradable?