La mañana se vistió de duende
y escondió debajo de su sombra,
(como quien guarda polvo en una alfombra)
sonajero que en mercado no se vende.

El sonajero de color de luna
bajó del horizonte hasta el reposo
donde el niño departía con el gozo
que resguardaba en su pequeña cuna,
y al ver al Nene le dejó sin prisa
como regalo en su rostro, la Sonrisa.

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