Tiene la constancia de un pez
Que cada tres minutos
Se pregunta quién es.
Y cruza todo el mar
Arremolinada buscando un coral
Para anidar.
Y el cardumen le sigue la corriente
Porque no saben quienes son.
Divisan escamas brillantes y un relato
Pero el encanto se termina al rato.
Más yo sé
Que los peces mueren por la boca,
Atravesados de sus falacias
Como garfios
Y el ego como cebo.
Creyéndose reyes del océano
Y en plena cacería
Un nado sincronizado, insulso y mimetizado
Tendrá el final más notorio
Y por la presa;
El menos esperado.
Es que el cazador
Era sordo y no escuchaba sus mentiras
Era ciego y no se anonadaba por su belleza
Pero tenia un sentido muy agudizado
El si sabia quienes eran
Olía la carroña a mil leguas.
Y todos los peces mueren
Sin saber quienes son
Porque antes que las branquias
Se les extirpa
El falso relato
Y así concluye su disforme autoretrato.

JULIETA IALLORENZI

PATENTADO EN SADAIC Y DNDA

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