Mismas intenciones, distintos rostros.
Monotonía de maldad. Humanidad deshumanizada.
El crédulo está encerrado y el psicópata se le ríe del otro lado de la reja.
Después llora, sonríe y le promete la llave que abre todas las puertas.
En sus visitas lo abrasa, escupe, denigra, alaga, apura, sodomiza, escucha, contradice, promete, evalúa, juzga, desaprueba, involucra, estupidiza, aísla, ensueña, y sacándole la ilusión de control y dignidad, lo rechaza y vuelve a visitar.
El crédulo no debería ser crédulo y el psicópata no debería psicopatear,
Pero ¿Qué serían sin ser ellos mismos? ¿Cómo serían las presas libres sin el temor a su hora final, esperando del otro lado de la reja?
¿Que sería el mundo si el acosador no tuviera a quien acosar?
Simplemente no existiría, así mismo, el acosado.
La base de la psicología es borrar la identidad.
Transmutarla en algo rutinario e inexplicablemente placido para ambas partes, en la que;
El crédulo no se deprima por el maltrato que recibe,
Y el psicópata no se sienta culpable por el dolor que inflige.
Como moraleja no habría que destacar que la maldad te da libertad.
Más bien da poder, el poder del peso de tus acciones sobre un ser débil.
Pero la única debilidad de espíritu que podemos tener, es no ser quienes somos.
La libertad es autenticidad y seguridad ante todo.
El crédulo ingenuamente será feliz, (hasta que decida cambiar)
Y el psicópata tendrá control e impunidad suficiente como para ser feliz.
(hasta que decida cambiar)
Es la esencia moldeable en lo que se reduce, el mundo es ajeno ante nuestra convicción de poder modificarnos. La libertad yace y muere en uno. Orgullosamente, lo que soy.

JULIETA IALLORENZI

PATENTADO EN SADAIC Y DNDA

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