La valiosa labor de los sacerdotes sordos,
El urgente centro.

Ya el susurrador del caos duerme sobre el tímpano.

Cerberos devoran el alma mía,
De rodillas
Efímeros, chorreaban
Las sangrantes copas.

Los cuervos que arrancaron las pupilas ciclónicas,
Dejaron pasos lejanos
De aves ciegas.

Yo vi al Cristo de espaldas,
Y no vi más
Que una flaca cruz.

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