«EL LOCO»

No pronuncio su nombre
Porque me pongo a llorar
Su cuerpo errante
Burlón e insolente
Revestía sus huesos
Sin soberbia al andar
Anhelaba la calidez
Y paciencia de un amigo.

Sus ropas eran pobres
Cual su piel traslucía su alma
La calle se agitaba
Con sus dolientes carcajadas
Y a veces lloraba sentado
En la vieja banca de la esquina.

Cada lágrima tenia distancia
La arrugada estatua de lo vivido
Emoción, angustia, delirio
Insomnio, pesadilla, alucinación
Embriaguez de infinitos
Tortuosas horas de olvidos.

Se ausentaba sin dejar estar presente
No quería intrusos ni testigos
A la hora de hablar con Zoroastro
Del Yin y el Yan
De la oscuridad, el frio, la profundidad
La pasividad y la muerte
Pero también del cielo y la divinidad
El calor, la altura, la actividad
¡La Vida!

Se imaginaba un profeta de Anatolia
La mirada no es la misma
Cuando se ha visto otras luces
¡No soy religión, soy espíritu! afirmaba
El reloj de la creación
Esta grabado en cada piedra
Petrificada en su silenciosa pertenencia.

Se arrodillaba
Y con sus temblorosos dedos
Trazaba dos líneas paralelas
Una era el componente
Esencial de su sombra
La otra el brillo de su espíritu
Y narraba lleno de ternura
Todas las aventuras
Imaginables de su mundo
Era pasado, presente, futuro
Un sabio de aquellos tiempos.

Un día cansado de su cordura
Fue en busca de la otra orilla
Se sentó en la banca de la esquina
Cerró sus ojos de niño bueno
Y volvió a su hondura
Al grano invisible de su ser
Al vientre del misterio
Era feliz en su utopía
Para muchos un loco
Para mí un iluminado
En mi memoria.

EH 18.08.2021

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