EL INFIERNO DE BERTHA JONES

Al infierno de Bertha Jones entramos los hombres
anaranjando las palabras y los abrazos,
pero ella decía estoy tan sola
estoy tan sola
que me podría morir y aún muriendo
seguiría sola.
Nos espera vestida de negro como un conserje del Leteo
y juntos buscamos el borde de las almas
porque la noche conoce el olor de nuestras morgues
y su fuego anuncia los gusanos subiendo por los tobillos.
Sin embargo reímos el vino,
y las cosas que duelen como una bofetada tiene el color de las ciénagas.
En el infierno de Bertha Jones no se necesitan manos,
y a nuestra manera nos amamos como ángeles que no distinguen sus pecados,
pero ella seguía diciendo estoy tan sola,
estoy tan sola
que me podría morir y aún muriendo
seguiría así de sola.
Y nosotros dijimos que estábamos tan solos,
estábamos tan solos
que nos podríamos morir y aún muriendo
seguiríamos así de solos.
En el infierno de Bertha Jones hubo un silencio
que se deslizó por el filo de los párpados
y entró a los ojos
entonces alguien dijo:
madre, el agua está helada,
la vida está helada
y Bertha Jones entonces lloró.

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@SergioCassarino

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