Al llegar la medianoche,
el hombre que tejía estrellas se asomaba a las calles con la misma vieja mirada, son siglos en los que a ejercido su labor,
pero los hombres han cambiado y ya nadie cree en las estrellas,
su deber es escribir sobre las estrellas de plata los deseos o plegarias que cualquier hombre declame en la noche,
su tristeza es dorada como el atardecer, pues se a dado cuenta que ni los niños miran el cielo nocturno y no piden un deseo,
el hombre que en su continua labor cada día espera los deseos de cada persona que en el mundo habita, se ha dado cuenta del mundo devastador en el que se ha convertido, ya los buenos sentimientos se han desaparecido, pero el no renuncia a su trabajo eterno.
Su labor es sencilla para él, alguien pide un deseo y el con su magia borda una estrella y la siembra en el cielo, para que Dios la arranque del cielo y lea la oración o un deseo que cualquier humano pida y nacerá en su vida esa llama que con esperanza pide y se realice en su vida.

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