El fin de los tiempos

Si queda algún resquicio de vida humana, entonces escribo.
Las nubles tiñen de rojo la pluma, se ha roto el último verso, no hay vuelta atrás. Todo permanece vacío.
Un silencio perpetuo cubre todo el cosmos: la antimateria ha logrado su cometido.
Ya no hay ningún graznido, ningún chillido en la galaxia. Con ella ha muerto todo.
Nunca habrá nadie igual ni en lo más mínimo. Cierro los ojos e intento saborear esa blancura imaginaria.
Siento que estoy gravitando en mi silla: piernas estiradas, mandíbula recta. Me colmo de varios pensamientos, ideas locas comienzan a revolotear.
Miro el reloj.
Ha llegado la hora.
Es el fin de los tiempos.

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