El ego

El ego,

El ego es un sentimiento malvado.

El ego no tiene piedad,

frio, impasible.

El ego entra a tu corazón

y lo convierte en piedra,

lo oscurece;

ayuda a la soledad a esconderse.

Juntos, en su oscura morada,

él la seduce a ella;

la atrae, la hechiza.

Le muestra un mundo vacío,

sin sentido, donde no se debe ir,

peligroso, aterrador.

El la guarda en lo mas profundo de nuestro corazón.

El ego es mentiroso, manipulador;

el ego maquina sus planes,

el ego solo piensa en sí mismo.

Él le hace creer a ella que la ama,

pero no es cierto.

 

El ego disfruta la adoración,

el clamor, la dependencia hacia él.

El ego no tiene miedo,

es duro y gris;

no siente emoción alguna.

Él mismo crea sus emociones,

te controla y te maneja a su antojo.

Te hace creer que lo tienes todo,

te seduce, te enaltece;

pero te está mintiendo.

Muchas son las veces en las que te das cuenta de que tu ego te miente.

Rápidamente él llama a su amada, la soledad.

La utiliza, la usa contra ti,

y tu te escondes con ella.

 

El ego no quiere que veas la verdad,

porque la verdad es su muerte.

Te mantiene sumido en un mundo irreal,

en el que la verdad no tiene cavidad.

El ego sabe que necesita a la soledad para mantenerse vivo,

se apega a ella.

El ego no tiene miedo

porque ha convertido tu mundo

en algo tan devastador,

que tu corazón no podría soportar mirarlo.

El ego se mete tan dentro de tus entrañas,

que para arrancarlo

tienes que mirarte primero a tí mismo.

El ego es sensato, calculador,

se fusiona contigo

y se hace parte de ti.

El ego sabe que para arrancarlo,

tienes que arrancarte una parte de ti mismo,

y eso duele, duele mucho.

No puedes sacar al ego,

tienes que arrancarlo,

quebrar tu corazón,

sacar un pedazo de ti.

Sangrarás, tu sangre correrá por tu alma,

gritandote toda la miserable hazaña de tu ego.

La verdad será tu juez,

y te acusará.

No podrás soportarlo,

la culpa caerá sobre tí, te condenará.

 

Pero hay una salida.

Una salida en la cual no tendrás que arrancar tu ego y desgarrar tu corazón.

El ego tiene una debilidad.

Le gusta que lo adoren,

le gusta que lo amen.

El ego, tan malvado y perverso,

encuentra su fuente de alimento,

en el amor de los demás;

lo necesita, no puede vivir sin él.

El ego odia al amor,

lo aborrece, porque depende de él.

El amor, transparente y limpio,

lo alimenta, se apiada de él.

 

Y esta es la salida,

hazle saber a tu ego que sin amor no puede existir,

transformalo; perdónalo, redímelo.

No lo arranques, apacigualo.

Suave y lentamente,

el ego encontrará en el amor,

el mundo que tanto desea.

La verdad no puede luchar contra el amor,

y dejará ser al ego.

El amor consolará al ego,

le mostrará un mundo tan brillante y limpio,

que el ego no podrá mirar atrás,

no podrá mirar aquel mundo donde vivía;

el amor tendrá toda su atención.

 

Y así, el ego, limpio y puro,

se convierte en algo necesario para mantener nuestro corazón a salvo.

Un ego sin maldad,

pero que sabe luchar contra ella.

Un ego que nos ama y nos mantiene sanos.

Un ego que nos anima a amarnos a nosotros mismos y nos mantiene con vida.

Un ego que te protege y te defiende.

 

Nunca es tarde para transformar tu ego.

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