El caminante anda en la luna plateada,
su existencia ha sido perturbada y sombría,
mustio sin que el universo para él sonría,
toque de tristeza se traza en su mirada.

Va por senderos sin hallar el horizonte,
en búsqueda de esa luz que el alma ilumina,
por momentos su vidriosa fuerza declina,
develando su espíritu por poco ausente.

Todo en él está repleto de desengaños,
creé que su existencia reside perdida,
el oráculo funesto anuencia su partida,
sin júbilos el caminante pasa los años.

En el no fulgurará constelación de oro,
arduo el caminante su destino lo imprime,
y sus lágrimas con jactancia las reprime,
advirtiendo su vidorria hender en lo oscuro.