Él.

Él cruza los cielos con su suave viento, y las ramas de los arboles se quiebran y caen al suelo.
Cuando toma una decisión hasta las aves detienen su vuelo, las montañas tiemblan de miedo.
Es tan infinito que nunca deja de crecer, y sin embargo, conoce la medida de todas las cosas.
Él ha levantando del suelo al pobre y a los desdichados los ayuda a alcanzar el éxito.
No es difícil para él detener el tiempo, pero su gloría sería vana: Él es demasiado bueno.

Los sabios buscan su nombre, escucharlo sería como el ruido de mil truenos,
su rostro es tan blanco, tanto, que la nieve está manchada.
Bajo Él, cientos de miles le rinden tributo; pueblos, naciones y mundos enteros se arrodillan para decir:
¡Santo, Santo, Santo!
Él ha bendecido el futuro y quién lo busca está protegido para siempre; el que lo deshonra es perdonado, porque Él ama demasiado. Él comprende nuestros defectos y nos toma con sus manos, tan infinito, innombrable, inmortal.
Su amor es tan elevado que busca que sigamos su camino y aunque lo neguemos, siempre está ahí para escucharnos: Él me ha levantado del suelo y me ha revelado su gloria, porque Él nos ama demasiado.

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