Carezco de la mínima idea por la cual ignoro aún el pesar de mi sombría soledad y tu fría tranquilidad.
¡Oh querida raíz! Mi única explicación proviene soberbiamente de mi imaginación. Pero, cómo no creer en tal lugar tan extraño, cuando solo ha sido la primera ilustración magnifica de la verdad. Toda fuente externa me ha confirmado lo que tanto extraño. Pero no debe ser cierto, estando, muchas veces tan cerca, no percibía aquel odio. Nunca dijeron que me odiaba, aunque sí lo hacia para sus sentimientos, mismos que me prometió serían míos. También confirmaron aquellas voces que era lo mejor para mí.
¿Cómo sabrían que debe ser mejor?, y no importa la respuesta, pero me deja intrigado. Insisto, es mentira. Mis pensamientos sostienen mas pactos lógicos que todas las acusaciones. Si no, ¿por qué saben tanto, cuando no sé nada?
Realmente debo delirar, porque nada es rotundamente correcto. Sin embargo, las palabras que me lanzaste, y sus engaños, no concuerdan. Por otra parte, juegas a observar todo menos a mis ojos, y mi ser lo siente sin que logres palparme la mirada. Creo más en ese hecho, pues entrelaza mis teorías con conspiraciones de malicia.
Aunque me dijeran la verdad, no puedo creerles. Peor aún, si me confesaras, nunca escucharía.
Raíz, en la noche desamparada de hoy, te pedí por favor que me envuelvas entre la luna y las estrellas. Y no haces más que soplar, trayéndome su helada pasividad. Culparme de invalido llega a ser creíble, pues me dejas inmóvil e inservible. Yace mi amor en venus, pero sin el cariño de una diosa romántica. A decir verdad, estoy muy lejos de encontrar luz y calor en la Antártica.
En tan complicado laberinto, no desmorono mi voluntad. Sí ralentizo mi llegada al cenit del clímax. No sollozo cuando mi cuerpo se desploma, encontrándose en pública comunidad. Sí lo hago, si el seguro de mi baño está puesto y mi alma presenta soledad. No sonrío porque quiera maquillar mi penosa situación. Me esbozo del gesto, mueca de mi resplandor interior. Reitero, carezco de la mínima idea por la cual ignoro aún el pesar que me provoca una sombría soledad, mientras creo que estás tan tranquila, como antes de conocerme.