Duelo mental

En muchas ocasiones no consigo aceptarme tal y como soy realmente.

A veces me siento tan desolado que ni siquiera me reconozco a mí como mi equivalente.

Es decir, tal y como soy, porque a veces no me respeto y rompo aquello que quiero ser, y me undo en mi propio sufrimiento.

Quiero despertar, conocer esa felicidad, esa sensación tan infantil y despreocupada que venía conmigo de fábrica, pero que por alguna razón me abandonó.

Quizás perdí mi inocencia en algún momento duro y crucial que me marcó para siempre.

Quizás fue la muerte de mi madre.

Quizás fue sentirme abandonado y ver que nadie aceptaba mis traumas dividido por mis errores, dando como resultado un rumbo donde no encuentro mi destino, mi paraje.

sé que no soy perfecto, y no me avergüenza.

Lo que me avergüenza es haber entregado mi alma y mis sentimientos a personas que no me convenian para nada.

Solo quería sentirme libre como el niño que fui, sentirme como aire y que penetrase en mí esa libertad y despreocupación que un día me cautivó por cada célula de mi cuerpo y mi consciencia.

Siento que mi mundo interior queda tan desolado que no es fácil recoger ni con un millón de abrazos y caricias.

Quizás en ese momento me olvidé durante un periodo corto de tiempo de mis males sentimentales, pero desgraciadamente el dolor interior siempre vuelve, dispuesto a torturarme la siguiente vez próxima.

Y por desgracia es así constantemente, lamentandome de manera absurda sin encontrar fuerzas para seguir avanzando, cargando el peso muerto de mis problemas.

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