Las gotas de insomnio que se derrumban en la garganta
Las esquinas de los relojes donde se asilan las ganas
Las distancias, la droga que no dice ni se canta
Las risas, las cenizas, las palomas, las terrazas

Las rémoras que llevo en la sien por lo malvivido
Las esquinas de los bares, la boca manchada de cigarrillo
Las livianas adolescentes de la puerta del olvido
Las cansadas manos silbando el agujero del bolsillo

Las poesías que no escribí nunca en todos los cuadernos
Las líneas tuertas del amor en un cajero automático
Las consonantes hacinadas en mi bufanda sin inviernos
La lista de reproches, los prejuicios sin sujeto ni predicado

Las puertas, las copas, los cuerpos que me abandonaron
Las miradas como pasillos que no se terminan de remendar
Las cartas que en el futuro nunca me llegaron
Las mil y una noches en que jure no volver a razonar

Las letanías de Paul Eluard, la libertad, la náusea y la nada
Las costillas que perdí cuando dormía en las almenas
Las ramas del árbol de la genealogía desmembrada
Las noches de pastillas, cocaína y las prohibidas manzanas

Las muescas de los cangrejos bajo la almohada
Las sombras imperfectas como hormigas en una taza
Las iglesias, las clases de piano, las putas con alma de hada
El sudario de los besos, las confesiones del reloj que atrasa

Las diferencias que nos enojan y nos salvan