Delirios.

Como cada ser humano se regocija en su atolladero una misteriosa alucinación manda y detiene mi paso, su perverso néctar me seduce con atrevida cadera y en elegante minué me atenaza con el coño de su sexual piropo y sobre la hipnótica hamaca de su despejado pezón una plaza para alucinaciones hormiguea en mi sangre digamos, … me desconcierta con erótica fortuna y la muy puta somete lo relevante y subleva mis mariposas… ¡joder!, quien no goce con estos deliciosos resbalones de la mente, ¡quesedé por muerto!

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