DELIRIO

Hace tiempo en un mundo de ensueño
donde nada ni nadie tenía dueño.
Donde el mar se extendía por toda
la faz
Y el crepúsculo no terminaba
jamás.

Intermedio a la gran inmensidad
vivía en cierta barca un anciano
que veía a partir del alba de su humanidad
la noche, sin hallarle fin cercano.
Y así, aun en días de su longevidad
seguía con encontrarle ilusionado.

Y soñando soñaba un hermoso sueño.
Y soñando soñaba él con ser su dueño.
Y soñando soñaba con la bella hada,
y soñando lloraba; y de ella, nada.

La mujer que él ve más bella,
con la falda de niebla
y el cabello de estrellas.

Con solo pensarla su cuerpo tiembla.
Es bella, no hay nada más hermoso que ella
que al fondo del alma el amor siembra.

Una ola sacudió su pensamiento
así como el aire tiro la bujía,
y salió a ver el movimiento
tan lento
pues en el velero surgía
su día.

Su mano tomó velozmente
y con sus labios de rosa
le besó mimosa la frente.

Y soñando, soñaba miles de cosas.
Y soñando, admiraba a la más hermosa.
Y pensando, no creía en lo evidente
y sin pensarlo, sonrió tiernamente.

Le invitó a dar fuera un primer paso
suave en el frágil cristal, por si acaso
el agua se tornase, de vidrio un vaso
y la planta de su pierna, un mazo.

El paso apresuro tras la cabellera serpentina
que formaba parte de la eternidad diamantina.
Y el tiempo en un instante revirtió su daño
regresando, reviviendo los anteriores años.

Andando andando, en medio del mar mismo
Se erguía majestuoso un gran risco
que escalaron con paso apresurado.
Al mirarse tras haberse encontrado
saltaron sin temor al enorme abismo.

Y arriba observaba la enamorada más vieja.
Conmovida estaba la Luna por la joven pareja.
Les transformó en deslumbrantes cometas paralelos
y les dio movimiento para bailar verlos.

En verdad que danzaban en el cielo.
El ‘’ya no anciano’’ halló su consuelo.
Y jóvenes los dos, cada vez más lejos
con la rizada estela girando por festejo.

Y soñando soñaba lo que ya no sería un sueño.
Y soñando soñaba que por fin era su dueño.
Y durmiendo, a su cuarto bajo el viento.
Y sonriendo, exhalo su último aliento.

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