Sucede que aceptar no es tan fácil.
Y tarde o temprano todos llegamos,
arrodillados o en pie terminamos.
Jamas nadie escapó a través de una mentira
y vivió tranquilo sobre una ilusión que le inspira.

Es más sencillo retroceder a ojos vendados,
y evitar caminar por hogueras en plena llamas.
Sentir el calor e imaginar sus esfuerzos mermados,
pérdida de valor ante la realidad en flamas.

Pero la fuerza que despide vivir existe
entre cada corazón latiendo y la mente.
Nos empuja al futuro con firmeza,
queramos o no, el camino es convergente.

No culpo por quien teme el ahora,
y ha de saber que nos veremos de nuevo.
Algunos esperan regresar por si solos,
otros lo hacen en compañia de almas.

Cuando logremos despertar la verdad,
tomaremos desiciones con bondad,
sangraremos por osar a sonreir
y sabremos que estamos aquí.

Eso es lo que cada cuerpo obtiene,
y no sólo una vez cada pérdida.
Es un duelo contra ti en todo momento.
Pero llegarás a aceptar el reencuentro.

Siendo así la realidad, que florezca lirios en todo lecho
y caminen sobre ellos, con el cielo así de grande y de una mano.