Vuelvo a sentir lo que era ser libre,
dejar volar mil sentimientos dormidos,
rincones que adoraba siendo niña,
mi espacio, aquel árbol, nuestra roca.

Sentir el abrazo, tus palabras tan sabias,
seguir tu ejemplo, allí donde vaya,
¡ojalá estuvieras! cuanto te he echado en falta.

El olor de aquella charca, tardes de pesca,
las risas, los chistes y tantas charlas.
Cuántas veces escuchaba, “la primera
pero no lo última…habrá una segunda
y seguro la tercera, porque la vida es larga,
y oportunidades siempre, siempre hay varias”.

Con tu rostro serio, cuando algo no encajaba,
sé que sonreías, cuando mi cabeza giraba,
porque sabías que encontraría respuesta.
Y si era tristeza lo que mi cara te mostraba,
ahí sobraban las palabras,
con una mirada tuya,
me curabas hasta el alma.

Tu sombrero, tu mirada, de tu mano
y siempre tus palabras sabias.
Ay! cuanto duele,
Y cuanto te he echado en falta.

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