La escritura es lo único que desobedece
A la mimesis de la naturaleza.
Pues nunca podrías
Levantar inanimadas piedras
Y hallar bajo ellas poesías.
Cristalizaciones en las lenguas
Vibrando en nuestras cuerdas
Hacen su materialización
Con prístinas sustancias propias
Que duran más que la vida misma
Cercada por un siglo temporal
Un destello con sello humano
Nuestra huella dactilar
En las cavernas.
La oratoria de tragedias y de gloria
Plasmada perpetua
Como emblema de victorias.
Las palabras decantadas
Han logrado su vida eterna,
Como joyas de sonido
Dándole a nuestra existencia
La cúspide de su sentido
En lo etéreo y cuando acontece
Su carencia silenciosa,
El mutismo del poeta
Que reposase en lejanas
Inspiraciones arcanas
En su elemento, para las estrellas
De odas aun no creadas
Efusivas como heladas,
Es un misterio que no ha sido resuelto.
Nunca faltará quien
Quiera hacer de su encanto
Una jaula para oír recitarlo,
Y acabe sacrificándose
Por aquel rutilante
Y lírico cántico.
Desde el valle del Rhin
Es un bucle pasional sin fin.
La dicción es lo único
Con sublime sustento
Que decreta y oprime
Que deleita y altera
Que embellece y deforma
Que seduce y desaira
Como alfiler invisible
De punción letal
También como antídoto
Contra veneno fatal
Así como panacea
De placido alivio total.
Y también la voz
Como función vital
Para lo humano consagrar
A la hora de la hoz
Repelente del final
Es la poesía terrenal
Un canal para ser inmortal.

JULIETA IALLORENZI

PATENTADO EN SADAIC Y DNDA

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