Corazones femeninos
Corazones femeninos
Como cometas a través del universo
que ignoran dónde van y adónde fueron;
como rocas despeñándose desde alturas
quiméricas, ciegas, asesinas de sueños,
un montón de arena que escapa de la mano
y vuelve a la duna que no la echó de menos;
papeles impulsados por el viento,
hojas que no recuerdan ya qué verdes fueron;
amapolas que tejieron, pacientes,
su rojo y amado terciopelo,
ríos de lava en los que viaja el deseo;
ceniza cuando los volcanes se extinguieron.
Náyades esquivas, sílfides nerviosas
que peinaron sus bucles de oro
con peines de viento y de nácar,
valkirias de largos cabellos, Sigfrido,
que enterraron en coraza de bronce
la blancura del seno;
amazonas veloces, cariátides severas,
ninfas divertidas, sedosas
huríes que atienden al guerrero,
amantes sabias con hábito de siglos.
En lenta clepsidra se consume el tiempo:
la piel de Alejandro lavan Barsine,
la bactriana Roxana, Estatira y Olimpia,
a quien gusta jugar con serpientes.
Cleopatra ve arder Alejandría,
en llamas la biblioteca y el palacio.
¿Qué importa si César la ama
y aún le dará Antonio inolvidables momentos?
¿A qué viene ese punto de tristeza,
ese temor que la invade y asusta?
Funesto se aleja del seno el áspid venenoso
–escamas de verde primavera-, el cuerpo
endurece su frialdad de seda y descansa
en el sombrío lecho del mediterráneo.
Responses