Corazón permanente e incesante

Quien entrega el corazón al herrero,
No puede pedir que le crezcan flores,
Pues no se lo dio al buen jardinero,
Que por su mano nacen más colores.

Colores que pintan las emociones,
Rojo al amor y azul a consciencia,
Blancas las vidas y negras las muertes,
Negra tu voz que solloza inconsciente.

Inconsciente el hombre que te marchita,
Tengo ideas que a él no lo visitan,
Sé yo que la piel sí se recupera,
Mas nuestra alma no muere aunque quiera.

Quiera la vida y te quite a ese hombre,
Que más que tres oros nada te ha dado,
No te merece a ti ni a tu cumbre,
Que de nieve nutre ese amor enjaulado.

Enjaulado el beso que ya no existe,
Enjaulado el verso que te desviste,
Enjaulada la luz de tu mirada,
Entre odio y amor estás mezclada.

Mezclada está la vid en tu cabeza,
Aunque te vuele detrás de prisión,
La prisión que son sus do s brazos fuertes,
Morada el alma y morada visión.

Visión por sobre una doble verdad,
Ya dije que tu alma no se apagó,
La cordura en tu espíritu aprieta,
Pide inexistencia como favor.

Te acercas a mí, fría, muerta y loca,
Son como nubes cargadas de agua
Tus ojos que antaño fuesen de roca,
La roca que decía la vida es poca.

Favor te haces al abrir los ojos,
Eres mujer y no existe quien pare
Bendita ovación de corazón loco,
Estoy contigo, no dejes que pare

No soy mujer pero tengo mamá,
Esta es su historia y la de otras mil más,
Arriba el grito que busca igualdad,
No queremos guerra, debemos amar.

Igual como usted me ha dado la vida,
Es la vida la que le da lecciones,
A punta de golpes y tropezones,
Pero la ama como usted a la mía.

J. G. Dante

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