Cual llanto silencioso del junco
en el viento borrascoso,
doblando la cerviz
hasta hincar las rodillas
y someterse con humildad

Cual yugo de madera de caoba
atornillado al timón del arado de la vejez,
surcos hondos e indelebles
incrustados en la piel apergaminada,
al son lacerante de los latigazos de la vida

Cual estilete afilado y punzante,
claveteado en la mente mustia,
hiriendo a diestra y a siniestra,
hundiendo el barco de los recuerdos,
en el mar oscuro de la amnesia

Cual masivo remolino en medio del océano,
donde lidia el faro solitario,
serpenteando en las olas del desconsuelo,
bajo las nubes eclipsadas del firmamento,
la gaviota esmirriada sus alas despliega

Cual anciano lánguido,
apedreado y azotado
en el reino del abrumante olvido,
yace mi corazón cansado
acribillado por las vicisitudes de la vida

Nota de la autora: Dedico este poema a todas las personas que llegan al crepúsculo de su vida, cuando el aurora permanece borroso y la memoria resbala sobre las aguas durmientes de la incertidumbre del día siguiente…