Era su voz, que primera me llamó atención,
cuando ella, sola, cantó de amor y de alma.
Una pequeña figura, esbelta en un corto vestido blanco,
adornado con la imagen de una cara femenina absurda.
 
Cuando ella intentó pasar a mi, con sus zapatos de tacón asesinas,
yo la pregunté si hay un momento para tomar una foto
o dos, porque ella me parecería estar muy interesante.
Ella cabeceaba y sólo en eso momento me di cuenta su belleza.
 
Su cara era preciosa: una boca que sabía cómo sonreír,
una nariz recta estrecha y ojos grandes y expresivas,
rodeado de una increíble y encantadora multitud de pecas,
que otorgó un encanto especial a la piel morena y tierna.
 
Por ultimo la pregunté por su nombre, y cuando oí Maria,
vino inmediatamente a mí mente la canción de West Side Story:
“Todos los sonidos hermosos del mundo son en una sola palabra –
María, María, María! Conocí ahora a la muchacha Maria.”