Confinado en mí. Prueba 1.

Abandono el silencio de mis piedras
de sendas polvorientas que van a ninguna parte.
Pensamientos estancos y mustias hierbas.
Abandono el cielo negro y su llanto
maravilloso duelo de cristales
brillos de amores locos y lejanos
que adornaron un día mis noches más largas.
Descolocó mi mundo con sonrisas; vuelvo
tengo prestos místicos dardos piadosos
no matan, ni hieren la carne
buscan las trastienda de las almas.
Reformo, refuerzo mis columnas decadentes
desgastadas por la erosión que provoca tu lejanía
sepultado bajo tierra espero oscuro
la llegada de la Luz que me encandile.
Ángel mío, vida mía
¿sabes algo de este tronar tan alegre?
¿acaso son las aves de tu ocaso
las que tras mi espalda me amanecen?
He de regresar a nuevos albas, lo confieso
hecerme de nuevos atardeceres
no tiraré las lágrimas que no ves nunca
y no me cansaré de llorar alegre.
La tentación que traes en tu aire
es el acantilado en el que quiero despejarme
un humilde y caluroso pecado
un helado placer que me caliente.
Voy descalzo tras tu senda
que abren camino a mis nuevos pasos
ángel mío, vida mía
ten piedad y no la tengas
llévame mil veces de tu mano.
Enséñame dónde existen
tus riberas y tus castaños.
Llévame contigo para siempre tu lado.

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