Con el corazón en las manos.

La noche llega,
levanto mi mirada
a través de mi ventana,
y ahí ! estás !.
Siento tu presencia
percibo tu aroma
escucho tu dulce voz.

Mis labios susurran tu nombre
y mi corazón se agita.
Oh ! Amada mía !,
si amarte con locura es mi perdición
estoy dispuesto a perderme por ti.
Eres el mayor tesoro
que nunca nadie descubrió.
Ahora que eres mía,
me comprometo a mostrarte la felicidad,
la dicha y el amor !.

En el mundo entero
hay miles de poetas.
Pero ninguno tan
conectado a su musa.
Basta con cerrar mis ojos
para mirarte atravesar los campos
verdes de tu imponente ciudad,
o imaginar tu cuerpo desnudo
en las aguas cristalinas de sus ríos.

Luis Ernesto

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