Con corazón de león
Y llegó el momento de salir del ruido vencido,
no como quien huye, sino como quien renace;
lleva cicatrices que el tiempo creyó haber hundido,
pero el alma —muy insurrecta—
jamás se rindió.
Aprendió que el coraje no grita su gloria,
que el rey verdadero conquista su ser;
y al tomar su fuego y memoria legendaria,
volvió en espada la duda
que quiso caer.
Ya no teme al invierno ni al beso tardío,
ni a las sombras que el miedo sembró al caminar;
hizo trono del duelo, del vacío un río,
y cruzó sus silencios
sin mirar atrás.
Hoy cabalga en su pecho un destino encendido,
con la fe del poeta y el pulso del mar;
porque el hombre que enfrenta su abismo perdido
se convierte en una leyenda
sin necesitar.
Y así avanza él, invencible, con capa y corona,
un rey de sí mismo, más fuerte que el de ayer;
quien doma sus noches y su luz sincroniza
no conquista el mundo:
lo vuelve a nacer.
𝐄𝐥 𝐏𝐨𝐞𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐂𝐞𝐫𝐜𝐚𝐧𝐚 𝐄𝐬𝐪𝐮𝐢𝐧𝐚
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