Te miro con mis ojos e imagino la dicha,
es la cordura de mis manos al tocar tu cintura.
Anhelo vivir bajo tu ocaso, noctámbulo en tu atardecer,
sentir el perfume de tus labios, afable néctar del placer.

Dícese de mi ternura, para enarbolar tu pecho al cielo,
el instinto de tus dedos y la plenitud de tu mesura,
el pacto de tu amor que cubre con palabras,
la dulzura de tu voz en la lívida aurora.

Sé conmigo el plenilunio y llévame a tu andar impávido,
clama por los dos, amor, con una y mil plegarias.
Y acerca tu oído a mis labios, valiente mujer de ensueño,
que hoy por ti se ensalzan, mis ganas de tocar el cielo.

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