Por el camino del chamán
Llegué al pie de la montaña iluminada,
Y me volví montaña.

Penetré la luz hasta su mismo corazón,
Al tiempo que la luz se adueñaba de mí:
¡milagrosa con-fusión!

Se iluminaron mis ocultas entrañas
Y un fuego purificador me derretía;
En ese instante sublime, no sabía
Si yo era yo, o era la montaña.

Viví de pronto una expansión infinita
Y ya no cupe más en mí;
Algo se abultaba en mi vientre enardecido,
Pujando fuertemente por salir.

Fue entonces que mi alma estalló
En un infierno de fuego,
Liberándose del molde de mi cuerpo,
Elevándose rauda hacia el cielo.

Como siempre, después, siguió la calma;
Mis partículas, dispersas a merced del viento,
Liberada mi alma.

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