Están las noches cómplices del temor

queriendo azuzar al pueblo que no

duerme por temor, de impotencia

y de dolor.

Están silbando las balas que llevan

nombre y apellido, y van firmadas

de puño y letra del aprendiz de

dictador.

Están los cristales reventándose

y son los pies descalzos de niños

tristes, los que caminan sobre esta

alfombra tejida por cobardes.

Están las flores marchitas y las

voces ciegas y las miradas mudas,

porque el grito de los muertos

de solo cinco días, aún no tienen

nombre, no tienen tumba y no

tienen justicia.

Llora la patria entera, pero lucha

con manos limpias, los asesinos

no los detendrán, ni a las madres

perdidas que buscan hijos ciegos,

ni los hermanos que lloran el llanto

de esas madres desoladas.

Es aquí y ahora donde tiene que

dar cuentas el réprobo,

porque si por la razón no se

marchan sin gloria los felones,

será por la fuerza del pueblo

congregado, ese pueblo que no

se doblegó al sable y la charretera,

y marchó libre, con cantos frescos

y aires de primavera.