En mis manos te sostuve, mientras fundaba el mundo,
Hijita bella, te decía, mientras te miraba con emoción,
Mantente cerca de mí, de mi cálido regazo, mientras crezcas.
En un mundo de pecado naciste y creciste,
Te quería solo para mí, pero te alejaste y mi ser se entristeció.
Mi querida oveja perdida, te volví a encontrar,
Derramé mi sangre y morí en aquel madero porque te amo.
Feliz me encuentro por verte en mis caminos de nuevo,
Sé que no es fácil, es estrecho,
Pero tranquila, solo agárrate de mi mano y camina conmigo,
Aférrate a mí en todo tiempo mi preciosa hija,
Apaga esa supuesta luz de humanidad
Y deja que mi divinidad alumbre tu camino
Y aunque creas que no estoy, siempre estoy contigo secando tus lágrimas,
Abre tu corazón y déjame ser el centro de tu vida,
Pues mis maravillas y milagros quiero que veas,
En cada segundo, en cada minuto, en cada hora
Y en todos los años de vida que te doy.