Con tu manto negro apareces,
como en una noche sin luna,
para terminar con todo aquello que a ti te parece,
y es que acordarme de ese sueño,
me recuerda que el alma no tiene dueño,
el reloj marca la hora, la cuenta atrás ha comenzado,
pero no quiero irme sin haberte retado,
nadie te gana , ni animales , ni plantas , ni estrellas,
llegas sin avisar y no te importa sea niño, adulto o abuelo,
pero hay una fuerza que mueve el mundo más poderosa que tú,
aquella fuerza que hace vibrar nuestros corazones,
y ponerlos en sintonía sobre un iluminado cielo,
Esa fuerza que nos hace sentir , amar , reír,
y nos hace honores para colocarnos galones.
Sí , hablo de ella, aquella que puede curar enfermedades
con algunas sonrisas, que calma a un niño de su llanto, aquella
que une personas y se convierten en un solo ser.
Mientras tanto aquí seguiré esperando, escuchando el tic tac
del reloj, recordándome que cada minuto cuenta,
¡ que digo cada minuto! ¡Cada segundo!,
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Así, aunque no pueda vencerte y llegues un día a abrazarme
con tu manto, recuerda este talento y recítalo,
en un parque, una calle o en un banco.
Sólo me quedó una pregunta que hacerte cuando viniste a visitarme,
recuerdo que no quería irme, tenía miedo , y entre sollozos otra noche
te pregunté: ¿Debería tener miedo? Con un susurro me contestaste:
un hombre como tú no….