Seducían las estrellas tu silueta de Ángel retratado,
Estropeábamos los rayos en las estrofas de tu alma,
¡oh!, Noches de misterio en velo de gigante luz de Aurora,
Los lirios en tu almohada, suspiros en flechas de Luna,
Mañanas que reflejan pañuelos en trozos de ilusión,
Son las sombras de rosas, en la alcoba del follaje
De tu cabello en aliento de las quimeras trenzadas en tu alma,
Penetraba ondas en el espejo caritativo de tus ojos,
Despejó mis suspiros, tejiendo tu pecho en alfombras de paz.
Amo el lecho donde el sol con su oración nos alcanzó,
Porque eres el crepúsculo que cansado descansa en mis brazos,
Vertía el horizonte radiantes destellos de tu sonrisa,
Aun desprendía tu imagen; notas fugaces de pasión,
En el vendaval de mis sueños surcaban los eternos suspiros
Sedientos del poniente recitados en tu frente.
Bordabas el desierto con el eco de tu seno
Durmiendo en el nido de Alondra desparramada en tu escote,
El papel de sol difundía la brisa de candelas oceánicas.
Ignoramos la oscura madrugada, ¿recuerdas?, ¡Nos amamos!,
Sembraste faros en los campos secretos de mis tristezas.

¡Amada!, ¡bien de los altares eternizados del amor!,
Apegaste la lira del lirio distante de tu rostro de misterio,
Eres el alba en las huellas de la luna enamorada,
Marchitaste un rayo con la cálida sonrisa de tu juventud,
Palpitó el verso en las húmedas lágrimas de la noche
Que se exalta entre las margaritas del espacio de tu alma,
¡Estrellamos el duelo, el martirio cayendo en distantes caminos!,
En la estación de las nubes abrazamos el vacío agónico,
Tus ojos de isla Florida, marcaba tímida ternura de mar,
Un rayo se estrelló en tus revueltos cabellos de viento,
Titubeaba en ondas de espejos de tus mejías fugitivas,
Presentía ruiseñores distantes en tu suave pecho de esponja.
En tardes soleadas observamos el nácar de humildes besos,
En huellas de Almendras el horizonte soñaba con tu voz dormida,
Meces con tus latidos las sombras escogidas de los remolinos, que, Coreaban el iris secreto resbalando en el ancla de mis suspiros, En huésped de ecos suplicamos al misterio de tu paz,
Canta a tu puerta la sílaba poblada del cristal de la Azucena,
Turbados gorriones enamorados, en el ocaso de tu mirada,
¡Y, era Rocío que ardía en tu frente!.

Respiro en cascadas de aromas recorriendo en tu piel,
Mojaba tus sueños encendidos en el lecho del viento,
Te amo, oh, flor, oh, doncella, bálsamo de canto soñado,
Nublaste mis espinas en el dolor distante del invierno,
Moría en el oriente el ayer enjaulado de mariposas,
Compartíamos la quimera penetrada en el alba,
Hojas de verano recitaban el vaivén inmóvil
Del tiempo en vuelo de gaviotas penetrando en tu pecho salvaje,
Cerraste los ojos de Esmeralda en la fuente callada del verso,
Copiaba en mis venas tu imagen de vela prematura
En la sombra de luciérnagas de misteriosa corriente de amor,
Cándida Alondra volaba en el desierto de pañuelos húmedos.
Eres la Rosa que pobló con sus pétalos de aromas
El Sáhara de Neptuno escapando del universo distraído de dolor,
¡Mía!, Como en el sendero tejido en tus dedos pulidos,
Pensaba en los torbellinos de tus remotas sábanas de alegría,
Soñaba en tu alma el crepúsculo de brisa en tempestad,
La luna poblando tus pestañas de imagen de melancólica espuma.
Juntos, caminamos, recolectando primaveras encendidas en la aurora, Volvió del Naranjal destellando de la fuente de tus suspiros.

¡Que la distancia no contemple lágrimas de dolor!,
Inocentes lamparillas consentían aromas vagando el espacio
Donde muere tu cuerpo de savia al atardecer.
Olvidamos la muerte sentada en espectral tristeza,
El lecho de tus sueños atraía la luna de los pétalos
Temblando como Rocío en el secreto vaivén de las hojas,
Subió a tus mañanas el viento sonriente en celaje,
Eres la luz en el idioma más oscuro de mis abismos,
¡Pequeña, mía!, Alabé la elegía severa del ayer,
Y, con tus besos tatuaste mi silencio lluvioso de otoño,
Cubría las brasas con el tenue de las sábanas
Envueltas en secreto, murmurando en delicadas amapolas,
Antorchas dirigen cometas volando sobre tu dulzura.
En el botón pálido de Abril suspiraban mis estrofas de amor,
Estefany, pálida como el otoño que prematuro sonríe
En tácitos ademanes retratados en aromas de clavel.
Eres la gota del misterio en despido de lámparas
Bramando en los huracanes inclinados a los espejos de cristal
De Esmeraldas flotando en tus ojo de Alondra,
Agua que sube al eco de tus huellas.

Florecen en tu puerta humilde despertar de azucenas,
Amo las madrugadas Unidas al universo,
En islas de rosas navegan tus alas, suaves de uvas,
Ampara el tiempo, hogueras ahogadas en estrellas,
Mi poesía brama en las venas floridas del sueño
Que distraído descansa en la fantasía de tus senos,
Ardiente enjambre de lúcidos ecos de lis
Respiraban en el extenso valle crepuscular de tus labios.
En un pañuelo envolviste los relámpagos de la madrugada.
Amo tu andar, en lecho de pétalos de espuma de fuego
Que acelera fugitiva tus mejías aún pálidas.
A los fines intensos de los poblados bosques de tus cejas,
Besaba ala en sombras de mariposas de embeleso,
Tu semblante destella el más hermoso de mis sueños,
Prohibimos la noche de las tumbas floridas
De los rayos durmiendo ligeros al final de mayo,
Mística lila en el delgado manantial de tu pálida cabellera,
Desataste sonrisas en el cóncavo del Riachuelo marino,
Bebí del río desparramados en savia de tu espalda,
Fugitivos destellos se deslizan despiertos en tu corazón.

Perdona, a veces, las dificultades de mi dolor de mis celos,
Encadenaba cual llama desahogada de candil
Naufragando en los latidos de las mariposas de tus horizontes,
Derramaste perlas de Luna en el trágico nicho helado
De las rosas desterradas en la nieve.
Abre tus alas al cauce eterno de mis besos,
El alba en viento ensombrecía soleado olvido de cenizas,
Soplaron los cirios el oriente tardío aún contemplándote.
En la puerta prohibida de tu Serena sonrisa de cereza,
Deshojando el destino, tu rostro es un ocaso, poniente eterno,
Fresco misterio al instante de mis nostalgias.
Pasaste esa tarde, pasaste tan calladamente;
Como nube de pájaros confundiendo crisálida en brasas.
Pasaste y encontré una estrella brillando en tu frente vestida de mañana. Aguacero en hilo perfumado en la humedad de tu pupila,
Sobraba la noche ante el faro de tus sentimientos,
Desprendiste flores de embarcación del extraño duelo de mi orgullo,
Besé cántaros del aguacero enredado en tu cuello.
Amo la lejanía de las tristezas en clara fuente del amor
Que ahorca vacíos de espejos descoloridos…

ISAAC FALEN.

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