Sos el ánima de lágrimas,
la pálida mujer sobre la lápida
que camina sin rumbo, sin despertar,
rápida mirada a una vieja lámina

Soy esbirro de lo que aspiro,
un gran giro en esta vida que conspiro,
por quien suspiro me inspiro,
también deliro cuando me aíro
por llegar a odiar a quien admiro

Así en repetidas circunstancias fuí falto de elegancia,
la existencia muda por un agravio a mi confianza,
mi rampancia herida por quien en su ignorancia no creía en la magia
“tu grito no me sacia” decía mi conciencia
“entre tú y yo no hay discrepancia” decía mi arrogancia
y entre falacias y desgracias
hacía de cuenta que ya nada tenía gracia,
creía que hacia donde iba, iba a conseguir audacia
no sabiendo que la vida es reacia
y sin suspicacia el tramo entre lo malo y lo bueno más se espacia.

0