Las veces que te vi pasar de mi muslo a mi hombro
no se cuentan en comillas ni se citan en números.
Las sombras que cubrían los ánimos de unos meses
no sabrán iluminar los caminos de ilusiones que plantaste en mi nuca.

Podría contar cada una de las veces lo que tu me hacías sentir,
podría relatar más canciones de las que llegué a dedicarte,
pero una inminente muerte se asoma, y no puedo ni dedicarte el paisaje.

Sombras, sombras, sombras, lunas de animales fantásticos,
cuernos de unicornios y aves sobre un mar,
convirtieron la caza de los pecados en un agujero de expectativas y orgullo.

Ay, mujer risueña, ¿Qué dirás de mí?
Cuenta bien estas desdichas, cuantifica la duda al dormir.
Ni en Colombia y otros mares, ni en papel y otro carbón;
Esto, lo que fue, no va a cambiar.

Cuenta bien los dedos de nuevo,
cuidado con qué dirán.
Que nadie se comporta como debe,
nada de verdad importa si tu verdad es mentira
y si te encargas de contradecir tus nubes que son espinas;
Y tu arcoíris, es gris.