Viene al galope de lejos
mirando a reojo la aurora.
y atado a su cuello la euforia,
un millar de batallas pasadas.

Henchido el pecho de orgullo,
no sucumbe al placer temerario,
pues ha de beber con brío,
estirpe del hombre aguerrido.

¡Valiente coraje de mil hombres!
que tiñe con sangre el hierro
y cierne con espíritu obediente,
la lucha del corazón rebelde.

0