Y me la encontré con la firma borrada,
sin nombre de autor,
de ella no sabía nada,
pues no la había escrito yo.

Me dio mucha pena
verla ahí,
tirada y mojada,
con cerca su fin.

No sabía que hacer,
no podía firmarla,
no podía cambiarla,
no podía tirarla.

Tampoco debía preguntar por las casas,
pues la gente, que es suya se puede inventar;
pero luego me di cuenta,
que su dueño la querría de verdad.

Al propietario no encontré,
un gran chasco me llevé,
pero yo no la firmé,
sino que pensé:
“en casa, con un boli anónima le podré´´