Es la irrevocable necesidad de sentir algo, no importa qué, no importa quién, es oxígeno en llamas, nitrógeno líquido.
Es el caos de la aparente tranquilidad, es contradictorio, más complejo que cualquier enigma, fórmula o ley, no desafía a la gravedad, no rompe reglas, y sin embargo, hay está, impasible, impenetrable, intangible, pues son solo sus efectos, los que por fortuna, o desgracia, los que podemos llegar a contraer.
Y sin embargo, por muy efímero que sea, deja huella, por donde quiera que vaya, a quien quiera que envenene con sus promesas; su seducción, pocos pueden resistirla, pero nadie puede negar esa oscura e innegable esperanza, esperanza de que les toque, como si fuese la lotería, como si un boleto de un tren que ya salió de la estación fuese la solución a sus problemas.
No todos lo buscan, algunos ya se han rendido, tras la primera, segunda, tercera, cuarta vez, cuando se suponía que ya lo habían encontrado y en el día más oscuro, la noche más temida, sus garras arañan tu ser; tu piel, que hasta ese momento se había vuelto impenetrable, se despierta, el aflorar de la primavera, nuevas aguas caerán y distintos soles saldrán.
La bala más deseada y la más mortal, muchos han deambulado por sus caminos, laberintos dentro de laberintos, ¿la meta? Un destino improbable, pero no por ello imposible. ¿Quién sabe? Tal vez seas tú su próximo objetivo…

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