Amar,
sólo eso,
pide quien ama.
Y todo cuanto
de esto salga,
es otra cosa;
pues amor
-como reza el dicho-
“con amor se paga”.

Luego,
si aparte
no haces
sino mirar,
revisar por si ves
donde quisieras
un reflejo al menos
del amor que diste
y no lo encuentras,
sigue fiel a tu amor,
de modo que,
cuantos ven en
nuestro amor erótico
occidental
como un supremo
acto de egoísmo
narcisista,
al llamarte esto mismo
a ti, -sería lo lógico-
puedas contestarles
con orgullo:
hagan ustedes lo mismo,
a ver si pueden.

Verás cómo,
en nombre siempre
de una engañosa
filantropía,
verán un acto en ello
-además de narcisista
y egoísta-
inútil, nada práctico
y eficaz
para
hacer el bien,
y no querrán hacerlo…
Sería perder el tiempo.
¡Como si amar fuera
cosa de economía!

Como si amar
-atiende a su postura-
cupiera mirarlo en frío,
como una suma
o una resta,
sin pasión
ni nervio de deseo
¡Como si fuera posible
amar sin hacer daño!:
¡Hipócritas!
¿Acaso ellos fueron
engendrados,
concebidos sin deseo,
sin instinto ardiente
inspirador,
en un laboratorio,
aplicando una fórmula
de concordia
universal?

Hazme caso:
¡Apártate de ellos!
Sigue amando
tal como lo sientes,
-tal como Dios te hizo-
una y otra vez,
contra lo roca:
pasión inteligente,
pasión noble,
pasión caritativa,
(una en otras,
otras en una se imbrican,
-misterio vivo-
desde la experiencia)
¡Porfía!
Con todo en contra,
porfía,
no des la espalda
a lo que sientes,
y sigue amando.