Una hoja en blanco, un bolígrafo con la tinta atascada y mil pensamientos.
Una historia, mi sangre helada y mi mente enfrascada en mil aromas distintos.

Sin comienzo, sin saber cómo he llegado a este punto, no sé siquiera si terminó antes de empezar.
Como un circulo, perfecto, la figura que debería ser el símbolo mismo del infinito a evocar.

Aquilatada tecnocracia, una aplicación, internet… algo real que simula la ficción.
Dos mundos, una conversación cercana y la fricción que nos limita la realidad hasta pasar a la acción.

Las palabras escritas con inseguridad, las rimas fáciles, las dudas y la falta de experiencia.
Los sentimientos cruzados en un punto de encuentro, las chirigotas, las corazonadas y la paciencia.

¿Cuáles son mis recursos? ¿Mis encantos? ¿Qué demuestro con este poema? ¿Qué es lo que deseo al final?
Un joven insumiso sin fusil. Sin puntería. En una guerra que no comprende. Llevando una flor a su rival.

Un test con mil preguntas, cero fallos, la más dura de las oposiciones, a contrarreloj saboteado.
El juego de cartas, un as rayado escondido, apostando doble contra sencillo, un farol envenenado.

Soledad calmada, la lluvia agridulce, destellos de ultramar, eco de hadas silbando, tormenta lejana.
Miradas encontradas, un paraguas compartido, mi faro en la costa, tus susurros al oído, tu paz cercana.

Atando los nervios con hebras de ilusión, intervenciones a corazón abierto, sin anestesia ni postoperatorio.
Soñar adicto a tus cuidados paliativos, cerrar cicatrices emocionales, con unas palomitas y un buen repertorio.

Loco enamorado de lo desconocido, vivir es exponerse a la vida y a sus contrastes, sin hipocresia ni maldad.
Sin mapas, por carreteras secundarias, a la vera te veo y pregunto: “¿Hola, por aquí se va a la felicidad?”

A lo que como un efecto placebo respondes: “Es un pelín mas alante… si quieres vamos juntos.”

La cima del Peñagolosa, una excursión nocturna, una vuelta en bici, un baile clásico y otro salvaje.
Las fiestas sin sentido, los eventos únicos, las cenas íntimas, cualquier excusa para estrenar un traje.

Un vino tumbados al ocaso en el parque de la torre Eiffel, perdernos en el barrio de Trastévere de Roma.
Una sonrisa sonrojada, el calor templado, un beso en la mejilla y el otro donde no quieras ni en broma.

Buscando rubíes en Groenlandia, cazando tesoros en el caribe, descubriendo especies nuevas en Madagascar.
Repostando vitalidad con las manos entrelazadas para no perderte y no tengamos ni un instante que malgastar.

La noche estrellada del Sahara o del Gobi, la magia de la cordillera de Altái, las auroras de Svalvard.
Los bosques encantados del valle de Arán, la belleza bajo las aguas de Moorea, quemando la mastercard.

No busco personas, soy un romántico dramático… todo lo pongo en el momento, me da igual la persona.
Porque en esos instantes el evo y el tiempo se detienen… todo está preparado para una puesta en escena.

Los momentos hacen más especiales a los actores y viceversa, tu y yo… en un baile, un círculo en movimiento.
Así que princesita, grumetilla y brujilla, pesadilla de luna llena rosada, ¿quieres ser mi amiga de “momento”?

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