Alucinación I

Soy la piedra horrible
que sembró la locura
en la sienes de mi estirpe.

Una vid inerte que se alimenta de furia
y en la puerta endeble de la fortuna incierta,
una voz suspira el canto de una virgen muerta.

Con sus manos al cielo
los lobos devoran su alma;
una luz azul es la dádiva,
que la suerte ofrece a ilusos
sectarios de la ciega luna.

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