Dicen que el alma es inmortal,
pero yo no lo creo así.
El alma muere.
Como mueren los árboles que no dan más frutos,
como mueren los corazones de los enamorados que ya no se aman,
como muere un sueño imposible, irrealizable.
Hace ya tiempo,
tanto tiempo, que he logrado olvidarme de que algún día estuvo viva,
mi alma murió.
Duerme en el fondo de alguna tristeza,
de esa amargura que la hizo pequeña y vacía.
Y vive asustada como un niño sin comida,
sin su padre, ni su madre, sin amigos, ni versos.
Se murió y no soy nada.
Soy sólo carne condenada al olvido.
Soy pena, nada más que pena.
Soy llanto, nada más que llanto.
Con un corazón de piedra y una lágrima perdida.
Moriría por encontrarte,
por abrir los ojos y tenerte a mi lado, alma mía.
Pero no tengo ganas, ni fuerzas,
ni argumentos para disculparme,
ni esperanza de que me perdones.
Yo he muerto por dentro alma mía,
Sólo me falta morir por fuera.