Alejandro Magno

Alejandro Magno

499 a. C. Grecia y Persa con los hijos de Antiprato, y el bello Filotas, Lisandro y Parmenio, cruzando Etolia, Olimpo y Laicos, Frigia, Tarsos y Megalopolis, tus venas rojas, tus carnes blancas, tus piernas de caballo, tus hebras xantricas, tu piel de tegumento, Magno, Alejandro, es el hiplide. Son los Filoutas y Sócrates, es Epidamno, Ceosi y Alarconia. Es Tesereo y tu padre, Filipo. Helesponto hasta Propontide, es Bucefalo, el caballo de un semidios, es tu platina armadura, es tu carrera hacia la nada, es la maravilla de tu diaspora, es tu lameno y tu Parmenion, Prepontide, Plafagonia, Ganno y Tamparo. Eres el rey que circunda a Helios, y el sol, arriba de Omega, curvando tu semental, tu historia invencible hacia la eternidad del Olimpo de los Becocia.
¡Ah, Alejandro! ¡Que se humillen ante ti, los mundos, qué se postren los ríos y los frescos guerreros te alaben, cuando decendiste al antiguo fonema de los habitáculos reinantes!
¡Hablaran de ti, hasta los Jesuitas y los piélagos, se escupiran hasta los tuétanos por tu gran nombre!

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