Al ángel caído

¡Oh! Príncipe de la oscuridad, dios de las sombras;
Cuyo anhelo se ha visto aun empañado de deshonra,
Como quien suspira a una ventana un gélido aliento,
Así te contemplo oh! triste ángel en este cruel silencio.

De la oscuridad me hice amigo y aun así sigo en pureza,
Como nigromante espero ver la luna más sangrienta,
Es el preludio de un ritual de runas antiguas y de hechizos,
Es la antesala de la lujuria, la depravación, y el vicio.

Todos esos pecados evocas a mi alma para destruirla,
Y no te reprocho nada, dios del alba y la lascivia.
Aun te invocan las estrellas para suplicar por favores,
Almas solitarias que están repletas de dolor y de temores.

Yo no te pido nada, porque nada en mi es sincero,
Yo conozco tu maldad, tu frialdad y tus anhelos;
Eres el ángel más hermoso que mis ojos hayan visto,
No lo digo por tus alas, sino por ese gran abismo.

¡Oh! abismo infinito, jamás seremos perdonados,
Negados de la vida y reprobados de la existencia;
En el infierno piensas, y aun así lloras de ausencia,
Son lágrimas de un ser que perdió su procedencia.

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