Ajeno al tiempo

Mi espalda ya se encuentra rota,
mis piernas ya están agotadas,
mis manos ya fueron cansadas,
por el vil trabajo que explota.

En el fuego hoy arden los leños,
del hambre que siempre provocan,
y a mis tristes sueños sofocan,
aquellos que se creen dueños.

Los dueños de puras miserias,
que al pueblo le traen congoja,
penares, dolor, sangre roja,
que corre en sus rotas arterias.

Arterias que mueven al mundo,
pensando en crear el futuro,
por mas que parezca muy duro
y gobierne algún ser inmundo.

Al alba triste, abren sus ojos,
llegando de noche a sus casas,
proletarios en grandes masas,
no son como estos dueños flojos.

Los dueños que sin empatía,
derrochan dinero a lo loco,
mientras que yo me como el coco,
gastan su vida en apatía.

Gasto superfluo innecesario,
valores de idiotas sin gloria,
valoran que son pura escoria,
del vil estado mercenario.

Estado que nos arrebata
la voz, la marcha, la querella,
al gran pueblo siempre embotella
y golpea con la culata.

¿Será que han desaparecido?
cadáveres del suelo afloran,
sus madres los buscan y lloran,
¡Gritos de lucha que no olvido!

¿Por eso es que ya no se escuchan?
¿O el miedo carcome las mentes?
¿Mientras nos manejen dementes?
¿Callaran la voz quienes luchan?

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